Desde que nacemos, estamos
rodeados del convencimiento de que la esperanza es lo último que se pierde. Sin
embargo, no podemos evitar sentir como esa esperanza, en ocasiones, intenta
escaparse de nosotros mismos. Pero, a ciencia cierta: ¿Cuándo se pierde la
esperanza?
La esperanza se pierde cuando
te informan que ha muerto un hermano, un padre, un hijo. Ese hijo que con su
fuerza y su canto nos había hecho sentir orgullosos, queridos y verdaderos
hermanos.
Podríamos recuperar esa
esperanza, pesando que ese padre está en mejores manos ahora…
La esperanza se pierde cuando
un amigo es arrebatado por la tragedia. Esa tragedia que se apodera de los
actos de la inconsciencia y se alimenta de los actos de la injusticia.
Podríamos recuperar esa
esperanza, considerando que ese amigo nos está protegiendo ahora… de la
tragedia.
La esperanza se pierde cuando
debes decirle a una madre que el segundo de sus morochos tampoco está. Ese
tampoco, que nos lleva a la imposibilidad de comprender lo que sufre su
corazón.
Podríamos recuperar esa
esperanza, diciendo que ahora están juntos.
La esperanza se pierde cuando
sientes que el mundo se está perdiendo, pero al voltear descubres, que aún
había gente que fabricaba milagros con sus manos. Esas manos, que nos fueron
arrebatadas por la desgracia, la violencia y la impotencia.
No sé cómo podríamos recuperar
esa esperanza, tal vez pidiendo que ahora, esas manos construyan los milagros
desde el cielo…
La esperanza se pierde cuando
te das cuenta que el derecho no “depende” del rojo ni el azul, ni del verde o
del blanco. Ese “depende”, que nos hace contrarios al prójimo, cuando olvidamos
que todos estamos en el mismo sitio y venimos de la misma casa.
La esperanza se pierde al
apagar una luz que trascendió Guayana, que iluminó Venezuela, una luz que voló
el Mundo y se convirtió en estrella de El Universo. Esa estrella que fenece y
nos sigue iluminando durante millones de años…
La esperanza se pierde cuando
comprendo lo frágil que puedo ser, lo fácil que es desaparecer físicamente a un
ser de los excepcionales; se pierde al saber que también he muerto yo, que ha
muerto mi alegría y mi piano; se pierde en el llanto inagotable de los niños,
los que cantan y los que no lo harán más; se pierde en una esquina asesina por
donde todos cruzaremos, pero pocos serán héroes…
La esperanza se perdió,
porque, si alguien fue capaz de asesinar a Larrys Salinas, significa que como
humanidad, de alguna manera, todos hemos muerto.
Engel Salazar Aguirre
11 de marzo de 2016.
