miércoles, 6 de julio de 2016

¿Cuándo se pierde la esperanza?



Desde que nacemos, estamos rodeados del convencimiento de que la esperanza es lo último que se pierde. Sin embargo, no podemos evitar sentir como esa esperanza, en ocasiones, intenta escaparse de nosotros mismos. Pero, a ciencia cierta: ¿Cuándo se pierde la esperanza?

La esperanza se pierde cuando te informan que ha muerto un hermano, un padre, un hijo. Ese hijo que con su fuerza y su canto nos había hecho sentir orgullosos, queridos y verdaderos hermanos.

Podríamos recuperar esa esperanza, pesando que ese padre está en mejores manos ahora…

La esperanza se pierde cuando un amigo es arrebatado por la tragedia. Esa tragedia que se apodera de los actos de la inconsciencia y se alimenta de los actos de la injusticia.

Podríamos recuperar esa esperanza, considerando que ese amigo nos está protegiendo ahora… de la tragedia.

La esperanza se pierde cuando debes decirle a una madre que el segundo de sus morochos tampoco está. Ese tampoco, que nos lleva a la imposibilidad de comprender lo que sufre su corazón.

Podríamos recuperar esa esperanza, diciendo que ahora están juntos.

La esperanza se pierde cuando sientes que el mundo se está perdiendo, pero al voltear descubres, que aún había gente que fabricaba milagros con sus manos. Esas manos, que nos fueron arrebatadas por la desgracia, la violencia y la impotencia.

No sé cómo podríamos recuperar esa esperanza, tal vez pidiendo que ahora, esas manos construyan los milagros desde el cielo…

La esperanza se pierde cuando te das cuenta que el derecho no “depende” del rojo ni el azul, ni del verde o del blanco. Ese “depende”, que nos hace contrarios al prójimo, cuando olvidamos que todos estamos en el mismo sitio y venimos de la misma casa.

La esperanza se pierde al apagar una luz que trascendió Guayana, que iluminó Venezuela, una luz que voló el Mundo y se convirtió en estrella de El Universo. Esa estrella que fenece y nos sigue iluminando durante millones de años…

La esperanza se pierde cuando comprendo lo frágil que puedo ser, lo fácil que es desaparecer físicamente a un ser de los excepcionales; se pierde al saber que también he muerto yo, que ha muerto mi alegría y mi piano; se pierde en el llanto inagotable de los niños, los que cantan y los que no lo harán más; se pierde en una esquina asesina por donde todos cruzaremos, pero pocos serán héroes…

La esperanza se perdió, porque, si alguien fue capaz de asesinar a Larrys Salinas, significa que como humanidad, de alguna manera, todos hemos muerto.

Engel Salazar Aguirre
11 de marzo de 2016.