sábado, 21 de noviembre de 2009

¿La culpa es de la cárcava?

Engel Salazar Aguirre (*)



En los últimos días hemos vivido una contrastante combinación climática. Temperaturas extremas y fuertes lluvias han alternado su influencia sobre las actividades de nuestra cotidiana y mal querida ciudad. Muchos hablan del calentamiento global, cambios de las órbitas planetarias, que si ganó un negro en Estados Unidos, que si la cercanía de las elecciones, la inflación, el bono navideño, etc., como posibles causas de esta situación. Sin embargo, en la actualidad existe un motivo que aparenta captar la atención de todos los problemas, pensamientos, acciones y omisiones en la urbe guayanesa: “La Cárcava”.

A varias semanas de su nacimiento y a pesar de los pronósticos “carcavicidas” que adelantaban su desaparición física a menos de un mes de su espectacular llegada, este explosivo monumento “¿natural?” se exhibe como la excusa general de nuestro día a día. Muchos funcionarios han expresado su dedicación infatigable a resolver esto que consideran un “problema” e incluso, no pueden atender otras actividades (excepto las campañas) aduciendo que “la culpa es de La Cárcava”.

¡No estoy de acuerdo!. La cárcava debe ser patrimonio de la ciudadanía. Así, todos podremos llegar tarde, “echar carros” y embarcar embarazosas y aburridas reuniones alegando que la cárcava no nos dejó apersonarnos. Imaginen un marido llegando a casa: “amor, las colas de la cárcava no me dejaron llegar a tiempo para la cena, pero sírveme mi desayuno por favor”. Algunos incluso asocian deficiencias sensitivas o físicas recientes a la llegada de la magna socavación, principalmente en Alta Vista, declarada zona afectada gravitacionalmente por la cárcava: “Épale, ¿por qué me trancas el celular?, Es que pasaba por la cárcava”; “¿Por qué no me entiendes después de tantos años a mi lado?, No escucho bien, debe haberme afectado la cárcava”; “Mi cielo, ¿qué te parece si vamos a un lugar tranquilo y alejado de la cárcava donde pueda funcionar mejor?”. Incluso, he escuchado a otras mas agresivos mandar a la gente a la cárcava o decir: “Anda a lavate esa cárcava!”

Gracias a Dios, la planificación de la ciudad está de acuerdo con este servidor e incluyen, además de la cárcava, programas de asfaltado “manto sobre manto” y colocación exhaustiva de fibra óptica a cualquier hora del día, generando y facilitando excusas para llegar tarde la trabajo, no asistir a clases, no entregar envíos, no aceptar paternidades, no abandonar candidaturas, no pagar deudas, plantar a su esposa en compras pre-navideñas, escapársele al novio fastidioso y meloso, esperar en las licorerías a que bajen las colas hasta después de las 9 pm., no hacer dietas, jugar loterías a ver si compro un helicóptero, entre otras. Si este panorama positivo continúa, la llegada de la navidad convertirá a la ciudad en un enorme estacionamiento, en el cual la gente podrá andar en bicicletas, patines en línea o en líneas paralelas, caballos, cajitas felices con muñecos transformers, carruajes, carritos de mercado, andaderas, triciclos, columpios móviles, ruedas dentadas, dentro cajas vacías, láminas de zinc, alfombras, como los critters, rines metálicos, trineos de antaño, por Internet, etc., sobre todas las calles convertidas en bulevares, en función del rescate de nuestras tradiciones. Lo mejor que nos ha ocurrido este año y mejor como excusa para vivir que la Copa América 2007: La Cárcava nos hace libres.

(*) Hijo de la Cárcava.
Nota: Su intensión fue ser un artículo en noviembre de 2008, cuando la cárcava estaba en boga.

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