domingo, 22 de noviembre de 2009

¿La culpa es del reggeaton?

Engel Salazar Aguirre (*)

La música como expresión social, puede ser un indicador del nivel cultural, una voz popular, una expresión artística para drenar angustias por necesidades no cubiertas, o una manera sonoramente entretenida de pasar el tiempo. Este arte ofrece datos importantes en el análisis de las raíces de los pueblos, indicando grupos dominantes en lo cultural o militar, que sin embargo no pueden suprimir por completo la identidad de los dominados; ocasionando en muchos casos la creación de géneros musicales producto del intercambio de historias, bases artísticas, aires de composición, instrumentos, etc., como por ejemplo ocurrió en Latinoamérica.

Un género requiere una identidad musical bien definida y “diferenciable” de las de otros géneros, en cuanto a estructura rítmica y melódica, tipo y motivo de la letra, forma de cantar, instrumentos, entre otros elementos. Es así como, si usted escucha a algún “cantautor moderno” interpretar un polo margariteño con una poesía que haga referencia a la astrofísica, las tribus bantúes, el horóscopo chino, uñas acri-gel, etc; puede preguntar al artista en forma discreta o no ¿qué genero interpreta? La canción podrá tener todos los elementos musicales, pero no será un polo margariteño si no relata actividades o creencias relativas a la Isla de Margarita: la pesca, la Virgen del Carmen, “la mar”. Probablemente el interrogado resolverá la situación diciendo que se trata de un “New Insular Folk”.

En ocasiones, el tiempo transcurrido para que una nueva forma artística se reconozca como un género es bastante largo. Aún hay personas que no reconocen la Onda Nueva del genio venezolano Aldemaro Romero (recientemente fallecido) como género musical. Sin embargo, no siempre es tan largo, como el caso del boogaloo a finales de los 60, quién fue reconocido como hijo del jazz y del son (aunque luego se le consideró una forma de guajira), e impulsado en su desarrollo y difusión por el mercado musical de la época.

Un grupo lanza un tema a finales del siglo XX, sin imaginar que desataría el género de mayor expansión y difusión que la historia, escrita o no, tenga la capacidad de albergar. Con una base rítmica antillana y con una pasado como música de concientización y protesta al que valdría la pena retornar, el reggeaton forma parte de la existencia del mundo, presentándose como el menos favorecido de los hijos de la música actual y más favorecido del mercado musical actual. Una monotonía rítmica, una extrema pobreza melódica y la ausencia de muestra armónica alguna, hacen que el género aparente ser un síndrome degenerativo de la musicalidad; amén de albergar las letras más “geniales” desarrolladas por eruditos del psicoanálisis post-moderno. Pero realmente, ¿de alguien será la culpa? El género no se produce solo y, si se toma como indicador cultural, podemos sentir la proximidad del abismo y la brisa fría de la perdición. ¿Realmente estamos tan carentes de identidad? Venezuela es el mercado adorado por cualquier artista (sin ser necesariamente bueno) debido a la acogida que reciben, cuando ni siquiera sabemos muchas veces por qué escuchamos determinada canción. ¿Dónde está la Ley Resorte? ¿Comités de usuarios?

Para el público general tal vez no sea sencillo emitir un juicio técnico de carácter musical, sin embargo, podemos evaluar las letras. ¿Será que tuvimos muchos siglos ocultando temas tabú? ¿La presión religiosa nos cohibió durante tantos siglos que ahora no podemos evitarlo? ¿Hemos sufrido de abstinencia? ó realmente ¿La culpa es del reggeaton? El género solo parece referir a temas como: necesidades sexuales de tú vecina, onomatopeyas sexuales, temor a la transformación de mi hija en un objeto sexual, oposición paternal ante relaciones sexuales, el baile como preludio sexual, complacencias sexuales clandestinas hacia la mujer de un amigo, oposición a la oposición paternal ante relaciones sexuales, y todos los etcéteras sexuales que nuestra imaginación permita.

Es así como hoy tenemos un panorama donde nuestros jóvenes presentan problemas que fueron ajenos a su edad en otras generaciones, estando integrados a una vida sexual prematura (mental y física) sin suficientes herramientas para afrontarla, porque en muchos casos solo conocen una parte de la historia. ¿Seguiremos entonces culpando al reggeaton sin entender que es solo un producto?



(*) “Reggeatonero”
Octubre de 2008

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